Voy siguiendo el camino de baldosas amarillas



La infancia es una etapa sagrada que debemos cuidar y proteger, máxime en estos momentos de vulnerabilidad como los que atravesamos con la crisis del Coronavirus. Evânia Reichert nos lo explica en esta entrevista https://www.laopiniondemalaga.es/malaga/2017/05/03/primera-infancia-tres-anos-base/927691.html

Como personas adultas es lógico que estemos preocupados/as por la salud emocional de los/las pequeños/as y nos toca atender a su salud emocional en días inciertos. Ellos/as pueden ser conscientes o no, de que papá y/o mamá están nerviosos/as, saben que las rutinas de toda la unidad familiar se han visto alteradas. Por otro lado pueden echar de menos a sus abuelos/as, amigos/as, escuela, maestros/as con los/las que han creado un vínculo afectivo que no podemos obviar . 

Pero si algo he aprendido en mi trabajo con la primera infancia es que niños y niñas saben fluir con lo que la vida les va presentando, observan sin juzgar, viven el momento presente, tienen procesos intuitivos que les llevan a la toma de decisiones valiosas. La infancia no tiene grandes expectativas y es capaz de asombrarse ante la belleza del ritmo de un caracol, o el desfile armonioso y colaborativo de unas hormigas. Es esa capacidad de asombro la puerta al conocimiento y junto a la curiosidad, la base del aprendizaje.





Platón llama a sus compatriotas “los eternos niños” en su diálogo “Timeo”.
No es que los acuse de infantilismo, sino que los alaba porque veían en el asombro la condición más elevada de la existencia humana. ¡Sublime Platón!.

En estos días, he vuelto a releer a Platón y he sido consciente de la necesidad de atrapar ese asombro infantil, especialmente para estos días.
Te confieso que uno de mis impulsos al principio de esta cuarentena ha sido querer controlar todo lo que estaba a mí alcance. Es una reacción previsiblemente normal ante una situación de inestabilidad. El sentirme ”confinada”, se va transformando en sentirme “resguardada, porque estoy en casa.
Este asombro va de la mano de la confianza ¡y otra vez nos conduce al presente!.
En el asombro existen dos vertientes: de un lado lo que nos provoca asombro nos desconcierta, nos puede paralizar, pero de otro lado la que nos impele a la búsqueda y ¡nos mueve!.




Pero volviendo a la infancia, los niños y las niñas nos muestran  el camino de baldosas amarillas que nos conduce a casa. ¿Recordáis la película “El mago de Oz” (“The Wizard of Oz”, 1939), Glinda, la Bruja Buena del Norte, le indicaba a Dorothy que el único que poseía el secreto para regresar a Kansas era el poderoso Mago de Oz que residía en la lejana Ciudad Esmeralda. . “¿Y cómo podré llegar hasta allí?”, preguntaba cándidamente Dorothy. “Sigue el camino de baldosas amarillas”, respondía con naturalidad la Bruja del Norte. 
¿Nos os sugiere algo apasionante?.

Esta situación actual tan imprevista nos demanda una respuesta creativa. Pero esto, merece otra entrada de blog.
Mientras tanto, yo ya me he puesto mis chapines de rubíes.




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